Gramatiqueando

Cómo se produce el acento de intensidad

acento de intensidad

Acento es una palabra de tres sílabas a-cen-to. Viene del latín accentus (‘habla llevada al canto’), formada con el prefijo ad- (hacia) que cambia a (ac-) por asimilación y cantus (‘canto’) participio del verbo canere (‘cantar’). De ahí también las palabras acentuar de (accentuare) y acentuación de (accentuatio).

El acento entonces estará dado por la combinación especial de cuatro fenómenos: tono, timbre, intensidad y cantidad, los cuales ocurren en el habla de cualquier lengua siendo diferente en países, regiones, ciudades, estratos sociales y hasta en uno mismo.

A través del tono podemos expresar indiferencia, duda, incomodidad, preocupación, inseguridad, dolor, reproche, entre otras expresiones, para mostrar nuestra intención comunicativa. Casi siempre tono e intensidad coinciden en la pronunciación de palabras aislados, no siendo así en la frase donde a menudo dejan de hacerlo porque la palabra se subordina al grupo fónico

En cuanto al timbre puede decirse que es propio en cada persona, traducción individual del sonido lingüístico. Este fenómeno es más complejo que lo que describimos de él, pero gracias a su existencia al llamar alguien a nuestra puerta podemos distinguir quién es y si lo conocemos o no.

La cantidad la definiremos como la duración necesaria del sonido para que sea inteligible, en dependencia de la rapidez o no con que se hable.

Y por último es necesario detenerse en el fenómeno de la intensidad que no es otra cosa que la fuerza espiratoria con que se produce un sonido aplicado a la pronunciación de las unidades silábicas de las palabras con el objeto de hacerlas contrastar.

Ha quedado dicho que el acento, considerado en su marco conceptual más amplio, se debe a una diferencia de distribución de la energía espiratoria (intensidad) y, al mismo tiempo, a una diferencia de timbre, cantidad y altura musical (tono). 

Si tomamos una palabra aislada notaremos al pronunciar cada una de sus sílabas que la voz sufrirá ligeramente un alza en la más intensa. En la palabra acento, las tres sílabas (a cen to) que la forman se pronuncian con cierta intensidad, pero incuestionablemente la sílaba cen es la más intensa porque hacemos una fuerza espiratoria mayor que cuando pronunciamos las dos restantes sílabas (a to).

 El acento de intensidad de la mayoría de las voces castellanas proviene del acento latino. Las voces latinas sin excepción acentuaban en la penúltima sílaba (llanas) si esta era larga y en la antepenúltima (esdrújulas) si la penúltima era reducida. Aparecen en el castellano voces agudas procedentes del latín cuya explicación principal debe estar en la pérdida de vocales inacentuadas en final absoluto de palabras llanas ej. pon’ere por poner, am’are por amar.
El acento en nuestra lengua cumple una función contrastiva pues se da necesariamente entre varios segmentos sucesivos (sílabas). En ocasiones se habla de acento enfático o de enfatizar determinada palabra con un propósito; esto señala que al mismo tiempo que damos mayor intensidad, elevamos el tono lo cual no significa para nada que la tilde asuma la función de señalar la pronunciación enfática. En el caso de las interrogaciones y exclamaciones tienen su propio signo demarcador de apertura y cierre para dar ese enfoque significativo (¿?, i!).

Al hablar del acento hay que detenerse obligatoriamente en la sílaba —unidad acentuable— y la palabra —unidad acentuada. A partir de estos segmentos podemos: delimitar las sílabas en la palabra, localizar la posición del acento en determinada sílaba de la palabra.

Tomemos la palabra casa (unidad acentuada), separemos sus sílabas (unidad acentuable) casa y por último determinemos que la sílaba ca resulta la más intensa. En el castellano, lengua de acento libre, existen tantas posibilidades de colocación del acento como sílabas tenga la palabra. Los monosílabos solo una posibilidad; dos los bisílabos; tres los trisílabos.

El acento tiene la función de proporcionar una marca formal, es un elemento fónico que destaca una sílaba en el cuerpo de la palabra.

El castellano creó en el tiempo un sistema para señalar en la escritura el contraste de intensidad marcado por los hablantes en la pronunciación de la palabra. Este sistema de acentuación gráfica de la lengua castellana se estableció a partir del fenómeno de la intensidad utilizando la tilde —marca gráfica— para señalarla.

Pero la tilde se emplea además para indicar otras funciones: la diacrisis, la enclisis y la ruptura. 

Las palabras presentan un contraste de intensidad en las sílabas que las componen, lo cual no ocurre con los monosílabos que solo tienen una pues para contrastar se necesitan dos o más. Por ello nunca recibirán tilde de intensidad las palabras de una sola sílaba, esa será su sílaba más intensa como única posibilidad.

 Sin embargo, las palabras de dos sílabas admiten dos probabilidades, última o penúltima sílabas pueden ser las más intensas, tal es el caso de barco cuya sílaba más intensa es bar (penúltima) o en sillón la sílaba llón (última).

Las de tres tienen la posibilidad de ser más intensas en la última como en condición; en la penúltima como en revólver o en la antepenúltima como en útiles.

Las de cuatro tienen probabilidad de ser más intensa en la última como en salbutamol; en la penúltima como en arquitecto; en la antepenúltima como en regímenes o en la anterior a la antepenúltima como en cómetelo.

Para mostrar en la escritura este conjunto de contrastes prosódicos existen las reglas de acentuación ortográfica.

Cuando la sílaba más intensa de una palabra es la última decimos que es aguda y llevará tilde si termina en vocal [a, e, i, o, u] o en las consonantes [n, s]; elemental que si termina en otra consonante no llevan tilde. La y a final de palabra suena como vocal, pero se considera consonante; voces como carey, jagüey no se acentúan. La h al final de palabra no impide la acentuación en palabras agudas si le preceden las letras a, e, i, o, u, n, s.

Si la sílaba más intensa de la palabra es la penúltima decimos que es llana o grave y llevará tilde justamente de manera opuesta a las agudas, es decir, cuando no termine en vocal [a, e, i, o, u] ni n ni s; en consecuencia sí llevará tilde si otra consonante finaliza la palabra. 

Aquella palabra en que la sílaba más intensa es la antepenúltima la nombramos esdrújula y llevará tilde siempre sin que importe en qué letra termine.

Las palabras sobresdrújulas existen en castellano exclusivamente en determinados casos en que a la forma verbal se le agregan pronombres como en cuéntamelo (cuéntame lo), dígaselo (dígase lo). Se tildan siempre igual a las esdrújulas en todos los casos.

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  1. Muy interesante el artículo, me encantó.

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